Soy Colombiano de Origen y aunque toda mi vida mi apoyo incondicional ha sido para la selección de Argentina, nunca he dejado de seguir el onceno colombiano (aunque fui de los pocos que no disfruto el 5-0). Como colombiano he hincha de Santafé, te acostumbras a las matemáticas y las formulas para ver a tu equipo clasificar. “Si hubiésemos metido otro gol y quizá el equipo B hubiese empatado y el C hubiese metido un gol mas”, en fin, cuentas y formulas que demuestra que se tiene la confianza en todos menos en lo que debemos tenerla, es decir, nuestro propio equipo.

Muchas veces me he sentido de la misma manera en mi iglesia. Aun mas cuando dirigía el departamento de evangelismo. Al principio veamos el clima, para que no nos lloviera cuando saliéramos en las salidas evangelisticas. Buscábamos el horario donde la gente no fuese a estar tan estresado. Buscábamos los lugares con mas afluencia de gente, etc. Y mientras nada de esto esta mal, y por el contrario es lógico, la confianza estaba puesta en factores externos.

Luego hubo un cambio en el departamento y comenzamos a diseñar las estrategias y orábamos para que Dios nos las ungiera. Porque sabíamos que Zacarías 4:6  dice que no es con Espada ni con ejercito, sino con el Espíritu Santo. Eso nos funciono mucho mejor.

Pero casi al final de mi gestión, comenzamos a hacer algo revolucionario y distinto, comenzamos a orarle un paso a Dios y comenzamos a orarle al Señor por sus planes no los nuestros. Cuando hacíamos eso, Dios se encargaba no solo, del sol, del clima, de el mal humor de la gente, de la hora, sino que de paso ya los planes venían ungido.

El resultado: veíamos lo que yo llamo la eficiencia santa, con cero estrés. Si antes nos estresábamos por que las cosas nos salían mal, ahora nos estábamos estresando porque teníamos mucho trabajo.

Que estamos haciendo, estamos esperando en nosotros, estamos creyendo en el sol y las estrellas, quizá estamos orando para que Dios bendiga nuestros planes, o le estamos diciendo a Dios: Amado Padre Celestial, quiero que seas tu quien me de los planes, que sea el Espíritu Santo quien los ejecute y yo ser un instrumento para tu honra y para tu gloria.

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